viernes, 31 de octubre de 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

domingo, 26 de octubre de 2008




mismo día, mismo sueño

sábado, 25 de octubre de 2008

El hombre y yo...

Hoy entendí al hombre como un ser individual, vi a las personas que habitan dentro de los cuerpos. Estaba en el metro y empecé a observar...empecé a ver sus vidas, su desesperación, su tranquilidad, su orgullo e intransigencia...y entendí que no estoy solo pese a todo...que aunque vivamos de la influencia, todos tenemos conciencia y habitamos dentro de una materia cognoscible y eso, nos libera.
Sentí como si la gente tuviera una vida, también comprendí que el tiempo no puede ser medido, que ese paso onírico del tiempo tan sólo es una idea del hombre y el tiempo en cada persona es distinto por ello mi desconfianza...

El tiempo es como una forma de sintentizar nuestros trastornos fisiológicos y a medida que ese tiempo pasa somos más vulnerables y más antiguos. Existe un primer punto de partida de indefensión total, ¿y después? un transtorno infinito, una conciencia sin conciencia, porque frente a la realidad se encuentra la duda y esta nos hace menos seres aún.

Por todo esto, entiendo que el futuro y el pasado son ideas inexistentes debidas, no a su inmaterialidad, sino a que nosotros no cambiamos y el mundo que nos rodea sigue fiel pese a que actuemos sobre él...no somos ni la huella, somos un recuerdo que afecta a las personas que importamos...pero el hombre que muere solo en la calle, o en la otra punta del mundo cercano al Ganges, ese hombre, quién se preocupa por él...yo que estoy sentado aquí escribiendo por mi preocupación, cuando el dolor es más problemático para un ser tan indefenso.
Todos sobrevivimos en un mundo destrozado por la acción humana y pese a los deseos más profundos, el cambio es utópico ya que esto es una ola de kilómetros de altura y por la ambición todos seremos destruidos.

Por lo tanto, yo seguiré viviendo mi presente finito, e intentaré aprender de aquello que me rodea y de mí mismo, pues mis ojos y mi mente no conciben vuestras vidas como certeras, puesto que sobrevivo en mi centro antropomórfico e intento ser fiel a él....

.................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................

....ahora es cuando más comprendo las distintas realidades, que son ninguna, incluso la mía está puesta en duda, porque siempre dependerá de un algo externo, y por supuesto interno, incontrolable que lo que hace, pese a mis fuerzas contra ello, hacer de mi vida un inferno eterno y mi conciencia que terminará por ser anulada perderá toda noción de real o no real, y así me sumiré en este olvido profundo, dejándome caer tranquilo al vacío, sin preocupación alguna...pues todo aquello que conozco es lo único que me hace temer seguir en esto.


J.

jueves, 23 de octubre de 2008




J.

Resignación...

¿Dónde está el sarcasmo y la providencia? ¿Dónde abandonar mis anhelos y mis fines para que el ocaso perfore el presente?

Prefiero mirar sentado que luchar contra el olvido, un inevitable más en lo inevitable; lo inhabitable, lo perdido.
Sea el miedo o la sinrazón, establezco contacto con el arte, que me brinda la oportunidad en esta realidad que oscila entre lo bello y lo grotesco, para así continuar sin rumbo y no hallar salida tempranamente. Los dioses compartirán este declive, porque de ellos depende que la humanidad prevalezca viva, se crea pura…

De mí no dependo nada más que yo mismo y haciendo de lo mío lo trágico, convierto la aspereza en suavidad y traspaso lo irreal para llegar hasta lo nonato; donde mis sentidos cobren vida y por sí solos caminen sin necesidad de consuelo alguno por mi mente humanizada.
Mi deseo es el deseo de todo hombre desesperado, creerme pese a la negación y volar pese a que me cortaron las alas…

¿Resignación?
Yo lo llamo aceptación y de ahí, al vuelo.


J.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Cada vez que escribo se produce un vómito en mi mente, que desprende tanto lo bueno como lo malo y me arrastra con él hasta hacer mío lo desprendido. Es como una enfermedad entonces, que en forma de palabras provocan en mí una acción-reacción incontrolable y que determinan mis noches.

No escribo por cortesía, ni por belleza, sino por necesidad. Dicen que deshacerse del virus es el paso a la curación; yo creo que cuanto más vomito...más enfermo me siento.


J.